Raquel Forner

Recibida en la Academia Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires en 1923, Raquel Forner viajó a Europa, en 1929, y se afincó en París, donde fue alumna de Othon Friesz. De vuelta en Buenos Aires, participa en la fundación de los Cursos Libres de Arte Plástico, centro difusor de las experiencias vanguardistas animado por Alfredo Guttero La Guerra de España (1936-39) y la contienda mundial de 1939-45 estremecen a Forner y reorientan su pintura, que pasa a referir el drama bélico desde un expresionismo vigoroso y resuelto con maestría, pero a la vez transido de sugestión poética y de fervor simbólico. A partir de 1957, y hasta su muerte, Forner ejecuta sus series del Espacio -en las que se acerca a la surrealidad- donde, con sus astroseres, sus lunautas, sus mutantes y sus terráqueos, busca avizorar en las incógnitas del cosmos, más allá de los avances de la ciencia, las primicias de un mundo mejor.

Raquel Forner pintó esta obra cuando la Segunda Guerra entraba en sus últimas etapas. Pero es una imagen de su ominosos transcurso, una de las imágenes que la artista trazó en esos años crueles, de sangre, destrucción y lágrimas, con el propósito, según decía, de "dar a mis cuadros algo más que una intención plástica" y de mantener la insoslayable unidad ente el arte y la vida. Retablo del dolor es, sin duda, una alegoría vinculada con la crucifixión de Cristo: la mujer cuya figura ocupa la mayor parte de la tela, tiene en cada mano la herida de los clavos y una rama sugiere en su frente la corona de espinas. Este personaje de mirada perdida, maniatada y con el vestido roto, aparece pintada sobre un lienzo como la estampa misma de los horrores de la contienda, la que la artista expone alrededor: cadáveres, casas en llamas, aviones, paracaidistas, tierras destrozadas por los bombardeos.