Miguel Carlos Victorica

Tras de estudiar en la Academia Libre de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes -donde fue alumno de Angel della Valle, Reinaldo Giudice, Ernesto de la Cárcova y Esuardo Sívori-, Miguel Carlos Victorica reside en Europa, entre 1911 y 1918. Aunque vive en París la mayor parte de este tiempo, también lo hará en algunas ciudades de Italia y España. Ya de retorno en Buenos Aires, se instala en el barrio de La Boca -un laborioso distrito portuario de la zona Sur, fundado por genoveses-, donde ha de habitar y trabajar hasta su muerte. Victorica hizo su primera exposición individual en 1931, y obtuvo, una década más tarde, el Gran Premio de Honor del XXI Salón Nacional. Todos los temas desfilaron por su obra: la figura, el desnudo, el retrato, el paisaje, el bodegón, la naturaleza muerta y el motivo urbano.

Uno de los más destacados artistas modernos de la Argentina, Miguel Carlos Victorica se inscribe dentro de las tendencias derivadas del Impresionismo. Pintaba sin prisa y sin pausa, con un sentido clásico y, pincelada como si ella fuese una certidumbre de lo ingénito del arte cuando es expresión viva de la finitud humana. La sensación de lo inconcluso está en sus telas y cartones, como si se tratase de la primera obra y también de la última, como si el acto de pintar fuese siempre un descubrimiento. Pro, por cierto, nada hay de inconcluso en las pinturas de Victorica, un verdadero maestro. La tela aquí seleccionada, Cocina bohemia, que le valió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, en 1941, es uno de los óleos más importantes de Victorica: las formas insinuadas, el color difuso, la atmósfera intimista, alegan su mundo único.