Lino Enea Spilimbergo

Después de recibirse en la Academia Nacional de Bellas Artes, en 1917, Lino Enea Spilimbergo Se afinca en la ciudad de San Juan, en el Noroeste de la Argentina, donde hace su primera muestra, en 1921. Obtiene, el año siguiente, 1922, el Premio de Grabado del XI Salón Nacional; y más tarde, en 1925, marcha a Europa: luego de sus estadías en ciudades de Alemania y de Italia, recala en París y allí toma clases con André Lhote, que infunde en él las orientaciones derivadas del Cubismo. Vuelve Spilimbergo, en 1929, y se consagra desde entonces a la elaboración de una obra de alto poder creativo y a la enseñanza: fue así el organizador y director del Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Tucumán (1948-52). Dibujante excepcional, Spilimbergo se acercó al Arte político, aunque fue siempre un pintor independiente, salvo del destino de su país y de sus conciudadanos. Uno de los descubrimientos de Lino Enea Spilimbergo fue, en su paso por Italia, el de la Escuela Veneciana del siglo XV; pero también incidirán en su pintura las enseñanzas cubistas impartidas por Lhote y el arte metafísico de Giorgio de Chirico (1910-20), que los surrealistas consideraron como un claro antecedente de sus teorías. La serie de las Terrazas (1930-34), a la cual pertenece la obra de Spilimbergo aquí presentada, tiene afinidades con los inmóviles y enigmáticos paisajes urbanos de Chirico, aunque, sin duda, la clave es distinta. Más que adentrarse en interna en el espacio humano del misterio, Spilimbergo se interna en el misterio del espacio pictórico: de ahí la yuxtaposición de planos, la figuración entrecortada, el recurso de la geometría, la tendencia arquitectónica de la composición. Pero es que en el espacio pictórico iba a encontrar Spilimbergo la razón de ser de sus ideas.