Fernando Fader

Hijo de padre alemán y madre francesa, Fernando Fader vivió una breve parte de su niñez en la provincia argentina de Mendoza, donde su familia tenía empresas, e hizo sus cursos escolares en Francia y Alemania (1888-98), adonde volvió en 1900, para estudiar pintura. De nuevo en la Argentina, realiza su primera muestra en Buenos Aires, en 1905. Desde entonces, un éxito inusual de crítica y de ventas acompañará a Fader durante un cuarto de siglo. Célebre fue por eso su actitud al conferírsele el Premio Adquisición del IV Salón Nacional, en 1914, por su tela Los mantones de Manila: como el monto de laureo (3.000 pesos) no se ajustaba a su tasación (6.000), rechazó el premio y conservó la obra (será comprada más tarde para el MNBA). Resentida su salud, Fader se instala en la mediterránea provincia de Córdoba, en 1916; queda imposibilitado de pintar, en 1931, y ha de morir pocos años después. La honda revolución pictórica del Impresionismo llega a la Argentina al despuntar el siglo, cuando no ha logrado aún el reconocimiento debido en Francia, su lugar de origen. Tampoco es aceptado fácilmente entre nosotros, excepto el caso de Fernando Fader, según se ha dicho más arriba. Por cierto, el impresionista faderiano, como el de los otros pintores asociados a esta poética, es propio de él, denotado en su caso por una manera densa, grave, a veces ruda, derivada quizá de su formación en Alemania. Fader, junto a Pío Collivadino y Carlos Ripamonte, entre otros, fundó el grupo Nexus (1907-08) con el objeto de dar cuenta del país y de sus gentes desde una perspectiva localista pero abierta al universalismo pictórico. Fader pudo explayarse como nunca en esta vía, con sus paisajes y escenas humanas de Córdoba, uno de los cuales es este Fin de invierno, donde los empastes se dulcifican por la luz.