Valentín Thibon de Libian

La Academia Nacional de Bellas Artes (creada en Buenos Aires, en 1905, al hacerse cargo el Estado del centro de enseñanza que la Sociedad Estímulo de Bellas Artes mantenía desde 1878), contó entre sus alumnos a Valentín Thibon de Libian, notable pintor postimpresionista. Laureado en el III Salón Nacional (1913), a los veinticuatro años, Thibon de Libian hizo también el consabido viaje a Europa; visitó España y Gran Bretaña, para detenerse luego en París y en las ciudades italianas de Florencia, Liorna y Venecia, donde tomó cursos de pintura. De regreso en la Argentina, Thibon de Libian alternó sus obras de pintor con la práctica del grabado y la ilustración de libros. Al revés de los impresionistas y postimpresionistas argentinos, que se dedicaron al paisaje, Thibon de Libian optó sobre todo por los interiores, especialmente el de teatros, circos y cafetines. En las huellas de Degas y Toulouse-Lautrec, Valentín Thibon de Libian revela en la Argentina el mundo, hasta entonces ignorado por nuestros artistas, de la danza y del circo. Lo hace, por cierto, desde adentro; y, a diferencia de los maestros franceses, so tono es el de la nostalgia, un sentimiento que sus obras traducen sutilmente, sin necesidad alguna de proclamarlo. El interés de Thibon de Libian, como podemos advertir en este óleo. Fifí, está en las bambalinas y los camarines, en lo que hay detrás de la escena, fuera de la vista del público. Y lo que hay allí es una mezcla de rutinas, ansiedades e ilusiones, que el pintor observa y comenta, transido de amor y pena. Sus pinceles y sus colores denotan entonces, con encantadora sencillez y cierta delectación morosa no exenta, a veces, de humor, la fugacidad del espectáculo, que es, en el fondo, la de la vida misma.