Martín Malharro

Alumno en la Academia Libre de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, ilustrador de periódicos y dibujante comercial, Martín Malharro cumple con la canónica estadía en Europa entre 1895 y 1901. Vive principalmente en París, donde se rinde ante la pintura impresionista, aún entonces rechazada allí por la crítica oficial y el público. Ya en Buenos Aires, presenta, en 1902, una serie de óleos y acuarelas que desencadenan la ira y el desdén de los especialistas: en el país de los ganados y las mieses, cantados por el poeta Leopoldo Lugones, los luminosos paisajes de Malharro sólo concitan el repudio. Su segunda muestra, en 1908, no obtiene eco alguno. Pero Malharro no ceja, y defiende sus ideas en el taller -donde han de destacarse, entre otros, sus discípulos Walter de Navazio y Ramón Silva-, la cátedra y la prensa. Y, desde luego, pintando, como si inventara la Naturaleza. La exposición de Martín Malharro, en 1902, es todo un hito en la historia del arte argentino, porque sus telas impresionistas -como las de sus inspiradores franceses- abren aquí las puertas de la modernidad, establecen un antes y un después que el tiempo hará patente. Malharro tenía el sentimiento del paisaje: nacido en la vasta llanura bonaerense, conoció también la soledad cósmica de Tierra del Fuego. Y si es cierto que encuentra en los impresionistas franceses la manera más apta para transmitir ese sentimiento del paisaje, también lo es que se diferencia de ellos no sólo por no seguir sus preceptos y obrar con entera libertad sino también por abordar la Naturaleza para crearla a partir de su pintura, no para pintarla a partir de su creación, según se advierte en este Nocturno. Así, Malharro alcanza a elaborar un lenguaje propio, verdaderamente novedoso.