Cándido López

Aunque tomó lecciones con el argentino Carlos Descalzo y los italianos Baldassar Verazzi e Ignazio Manazoni, el pintor Cándido López fue un autodidacta. Retratista al óleo y fotógrafo ambulante en algunas ciudades de la Provincia de Buenos Aires (1859-63), sale de viaje al interior a mediados de 1864, y se detiene en San Nicolás de los Arroyos, a comienzos de 1865. Estallada poco después la Guerra del Paraguay -que la Argentina libra en alianza con Brasil y Uruguay-, López se alista como voluntario; es herido en la sangrienta batalla de Curupayty (22 de setiembre, 1866) y debe amputársele el brazo derecho por encima del codo. Alrededor de 1870, empieza a pintar con la mano izquierda sus óleos sobre la contienda -según los apuntes a lápiz que ha tomado in situ-, que han de ocuparlo casi por entero hasta su muerte y lo convertirán en el artista más original de América en el siglo XIX. Al exponer, en 1885, una treintena de las telas sobre la Guerra del Paraguay, Cándido López se presentó como un documentalista histórico: así se consideró siempre y fue considerado hasta no hace mucho. Sin embargo, el artista superó desde el primer día al cronista. Más allá de la veracidad indiscutible de sus óleos, lo que importa es la creación por cuyo intermedio López transfiguró los datos de la realidad: permitida la historia, perdura y perdurará su expresión pictórica, sin antecedentes. López revela el paisaje de América, y aquí empieza su aporte, en un tono que anuncia la surrealidad. Al generar este espacio, material y espiritual, reduce las situaciones bélicas a un comentario. Es un objetivo que se observa aun en esta tela, la única que remite a un interior, el de un improvisado hospital en Paso de los Libres. Heridos y guardias son minúsculos testimonios humanos de un vasto drama.