Rogelio Yrurtia

Tras de iniciar sus estudios en el taller de Lucio Correa Morales - fundador de la escultura argentina, junto con Francisco Cafferata-, obtuvo Rogelio Yrurtia una beca para Europa, en 1899. Vivió un corto tiempo en Italia, y se afincó en París, donde ha de residir y trabajar hasta 1921, cuando retorna a la Argentina. Influido por Rodin, Yrurtia presenta un yeso, Las pecadoras, en el Salón de 1903 de la Sociedad Nacional de Artistas Franceses, que elogia el maestro: C'est épatant!, dice ("Es estupendo!"). Minucioso y paciente, incansable y preciso, Yrurtia se demoraba en sus esculturas y estatuas en busca de las expresividades más rotundas y, a la vez, más delicadas. Creía en el arte como instrumento de acción y perduración culturales, y a él se dedicaba por entero, sin tasa ni medida. Era, en principio, un realista, pero sabía que el poder de invención distingue siempre al gran artista.

En esta obra de Rogelio Yrurtia se advierten a los dos vertientes de su arte: el rigor y la pasión. Si aquel aparece en el tratamiento de la materia, el detallismo del modelado, la ejecución final, ésta, la pasión se revela en las formas logradas, la vivencialidad que ellas traducen, el impulso creador que ha movilizado el artista. La excelencia escultórica de Yrurtia ha dado a la ciudad de Buenos Aires tres estatuas -íconos: el Monumento a Dorrego (obtenido por concurso en 1906, inaugurado en 1926), en Viamonte y Suipacha; Canto al trabajo (esculpida por encargo de la Municipalidad y descubierta en 1927), en las avenidas Paseo Colón e Independencia; y el Mausoleo de Rivadavia (empezado en 1916 y habilitado en 1932), en la Plaza de Miserere. En la segunda de estas obras, Yrurtia llegó a alcanzar una inusitada dimensión poética.