Antonio Saura

El aragonés Antonio Saura comienza a pintar y escribir de forma autodidacta, durante una larga enfermedad juvenil. Entre 1948 y 1950 realiza pinturas sobre papel y cartón, de orientación surreal, con las que realiza su primera muestra, en 1950. De 1953 a 1955 se instala en París, donde participa de las actividades del grupo surrealista y exhibe sus obras. Funda en Madrid, en 1957, el equipo El Paso, verdadero crisol donde se gesta la renovación informalista, tendencia que Saura ha adoptado ya hacia 1954. Con posterioridad, produce sus series Dams, Retratos imaginarios y Crucifixiones, basadas sobre arquetipos humanos y ejecutados con técnicas informalistas de orientación neofigurativa. En 1964, deja de pintar sobre telas y se dedica por entero a la obra sobre papel. Vuelve a la pintura sobre tela en la década del 80.

En su serie de los Retratos imaginarios, Antonio Saura reduce la figura a esquemas elementales y la utiliza "sólo como soporte endotérmico mediante el cual lleva a feliz término una necesidad de acción", según dice. Al recomponer la imagen, el motivo original queda traspuesto a nuevos valores espaciales. Esta operación se inscribe dentro de la corriente neofigurativa de principios del 60, que, sin renunciar a los hallazgos plásticos del Informalismo, intenta recuperar la representación icónica. Este Retrato imaginario de Brigitte Bardot forma parte, con los de Felipe II y Rembrandt el Viejo, de la curiosa galería sauriana. La figura de la actriz francesa, mito popular de alcance mundial en los años de la caída de los tabúes sexuales, es descompuesta en varios elementos, que le pintor re-articula. La imagen de Brigitte Bardot aparece transformada y, en consecuencia, el mito es dislocado.