Antoni Tapies

Antoni Tapies empieza a formarse como pintor, copiando obras de van Gogh y Picasso. Inicia estudios de Derechi, en 1941, pero los abandona cinco años después. Sus primeras telas son retratos realistas, que dan paso a pinturas de marcada orientación expresionista, de materias espesas y pinceladas cortas. Tapies es cofundador, en 1948, de la revista Dau al Set (Barcelona), en grupos de artistas y de intelectuales, quienes forman así una de las más notables tendencias de la vanguardia española posterior a la guerra de 1936-39. Hace su primera muestra en 1950, con paisajes fantásticos y oníricos, en las huellas de la surrealidad, pero en 1953, después de haber conocido el Informalismo en París, inicia sus creaciones caracterizadas por la importancia otorgada a la materia, la monocromía y el esgrafiado.

El diálogo constante con la cultura oriental nutre la práctica de Antoni Tapies, quien, en su interés por el objeto simple, pobre, elemental, se acerca a la esencia de la filosofía budista zen. La noción de vacío resiste particular importancia en su obra, y Tapies busca mecanismos aptos para sugerirlo. Mezcla el óleo con mármol pulverizado y también incorpora tierra, arena, cenizas, para generar una matriz uniforme, que se convierte en el tema de su arte. Entonces, sus obras devienen en muros, que sugieren múltiples lecturas, indicadas así por el artista catalán: "Separación, enclaustramiento, señales de huellas humanas; sensación de lucha, de destrucción, de cataclismo, o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor, de dolor, de asco; silencio, muerte, desgarramientos y torturas, rasguños, raspaduras, destino de lo efímero; sugestión de la unidad de todas las cosas".