Lucio Fontana

Entre 1905 y 1922 Lucio Fontana hizo sus estudios primarios y secundarios en Milán, y los de arte en la Academia de Brera, de esa ciudad. Pasa los seis años siguientes en su Rosario natal, donde inicia su obra de pintor y escultor, y vuelve a instalarse después en Milán (1928-39): se vuelca entonces a la abstracción, sin abandonar del todo lo figurativo. Se asocia, en 1935, al grupo Abstraction-Creation, y empieza su labor como ceramista. La guerra lo devuelve a la Argentina y se afinca en Buenos Aires, en 1939: aquí se cuenta entre los fundadores de la Escuela de Arte Altamira, en la cual dicta clases; y en este período hace esculturas figurativas. Publica, en 1946, aunque firmado por sus alumnos, el "Manifiesto blanco", al que seguirá, en 1947, cuando ha retornado -definitivamente- a Milán, el "Manifiesto especialista", primero de una larga serie que informa su revolucionaria obra de la época. La gran ruptura artística de Lucio Fontan -dicho sea en términos teóricos y también materiales- ocurre en 1949, cuando empieza a realizar sus telas con perforaciones (buchi), que serán sucedidas, una década más tarde, por las telas con tajos (tagli), como en la obra aquí presentada. Es evidente la naturaleza conceptualista y gestual de estas creaciones de Fontana -que él llevará además a otros soportes, como el papel y el metal-, y su sentido estético: al rasgar la tela y quebrar su continuidad, acaba con la idea que de ella tuvo y tiene la pintura, la de una superficie ilusoria capaz de albergar una representación ficticia; por lo tanto, recupera la verdad de esa tela en beneficio de una nueva (forma de) creación. El tajo, que conecta el anverso y el reverso del lienzo, integra el espacio real a la obra y abre una vía de comunicación con el infinito, aboliendo la necesidad de pintar.