Georges Rouault

Al cabo de su aprendizaje en un taller de vitrales, Georges Rouault ingresó en la Escuela de Bellas Artes, de París, en 1891, donde tuvo por profesor al simbolista Gustave Moreau y por compañero a Henri Matisse. Ya hacia 1892, Roualult -un católico devoto- hace pinturas religiosas. Una década más tarde abandona su sombría manera pictórica y se acerca a los fauvistas, aunque no se asocia al grupo (expone en 1905, en el mismo Salón de Otoño donde se presentan aquellos, pero en sala aparte). En 1903, conoce al escritor católico León Bioy, y bajo su influencia aborda los temas sociales a través de sus feroces pinturas de prostitutas, obreros, miserables, campesinos, familias pobres, jueces, payasos. De 1917 a 1927, graba ilustraciones para libros. Desde 1940, Rouault se consagra casi exclusivamente a la pintura religiosa.

A partir de 1932, el apasionado expresionismo de Georges Rouault -con el cual describía los vicios y las injusticias de la sociedad y señalaba su amor por los desamparados y los marginales- cede paso a un estilo menos vehemente y más piadoso, aunque siempre crítico. Las figuras se definieron por amplias líneas negras y aparecen circunscritas a la manera de los vitrales, con los que Rouault inició, como se ha dicho, su formación artística. Las imágenes adquieren una suerte de postura hierática cercana a la de los íconos románicos; de ellos deriva también la frontalidad de la figura, lo que se aprecia en la pintura aquí elegida. Los personajes del circo, frecuentes en la obra de Rouault, representan la condición hipócrita y farsante de los hombres y, a la vez, al ser humano desvalido y humillado. De ahí el rostro tierno y melancólico de este Pierrot, tocado apenas por su sonrisa obligada.