Edgar Degas

Nacido en una familia de banqueros emparentada con la nobleza italiana. Hilaire Germain Edgar Degas abandonó la carrera de Derecho para dedicare al arte, y, en 1855, ingresó en el taller de Louis Lamothe, discípulo de Ingres y de Flandrin. Vive en Italia, entre 1856 y 1858; de nuevo en París, pinta temas históricos y, más adelante, retratos. Hacia 1868, frecuenta en el Café Guerbois la tertulia que preside Manet, y allí conoce a Renoir, Pissarro, Monet y Sisley, entre otros. Movilizado en la guerra franco-prusiano (1870), sufre una lesión en la vista. Visita Nueva Orleans, en los Estados Unidos (1872) y participa desde sus comienzos (1874) del movimiento impresionista y de la mayoría de sus exposiciones, aun la última (1886). Degas halló su veta en la observación de la vida moderna en la ópera, la danza, el teatro, el hipódromo, el café. Murió casi inválido y al borde de la ceguera. Edgar Degas elaboraba cantidad de estudios previos, y concluía la obra en el taller. Para investigar el movimiento y captar la fugacidad del instante, aborda al mundo de la danza. Bailarinas en clases, ensayos y representaciones, le permiten, además, plantear como mirada furtiva a la del espectador de sus telas, asomado así al revés de la trama. Como en Amarillo y rosa, es habitual la visión desde arriba. Medainte el empleo de un novedoso ángulo, de efecto teatral, proyecta al contemplador dentro del escenario. Las figuras ocupan casi todo el plano; el color se vuelve intenso, acentuado por el brillo de las candilejas. El gran tamaño del soporte, poco usual en esta técnica y temática, pero también en la obra del artista, le ofrece la posibilidad de manejar el trazo del pastel con vehemencia y libertad, lo que dinamiza la superficie. La declinación de la vista de Degas torna más imprecisos los detalles y más potente el cromatismo.