Henri de Toulouse - Lautrec

Hijo de los condes de Toulouse, llega a París en 1872. Tras unos años de formación académica, 1882-1885, se vincula a los medios gráficos y colabora como ilustrador de revistas. Conoce a Edgar Degas y, a través de él, la fuerza expresiva del dibujo, el manejo de la luz artificial y la elección de sistemas modernos. Retrata, con trazos breves y agudos, bailarinas, cantantes y prostitutas. Colabora con la Revue Blanche. Desde 1891 realiza litografías en colores para carteles de espectáculos, novelas y ciclismo: en ellos capta la psicología de los personajes y la atención del espectador. Al combinar texto e imagen, preanuncia el género publicitario, tan desarrollado en la actualidad. Su adicción al alcohol lo lleva a una prematura muerte en el castillo familiar de Malromé.

En esta obra de Henri de Toulouse-Lautrec, el paisaje ocupa gran parte de la tela, que representa una escena de relativa quietud; sin embargo, la pintura presenta las características propias del estilo del artista, dominado por el fuerte dinamismo de las formas y la captación del instante. A la diagonal que marca el borde del camino y separa, a su vez, el primer plano del fondo, opone en cruz la de los caballos y el personaje que observa indicando la dirección hacia donde el espectador debe dirigir la mirada. Dibuja con trazos rápidos y certeros, captando la actitud de los personajes y los animales. La silueta de los caballos aparece delineada en negro, a la manera de las estampas japonesas, de gran influencia en su obra. El encuadre de la escena genera un espacio de carácter fragmentario, propio de la fotografía, cuyos recursos había conocido a través de la obra de Degas. La tela fue dedicada a su amigo Fabre, de quien el artista había sido huésped en los últimos años de su vida.