Claude Monet

Su primer maestro, Eugene Boudin, enseña a Claude Monet a bocetar sus sensaciones visuales frente a los paisajes de El Havre. En 1859 asiste a la Academia Suiza de París, y allí conoce a Pissarro. Luego, ingresa en el taller de Charles Gleyre donde estudian Renoir, Sisley y Bazille. En 1869 se instala con Renoir en La Grenouillere y elabora una nueva técnica pictórica. Durante la guerra francoprusiana emigra a Londres. De regreso, se instala en Argenteuil. Asume el liderazgo del movimiento impresionista, que expone por primera vez en 1874. Su obra, Impresión, sol naciente, dará origen al nombre del grupo. Participa en cinco de las ocho muestras. Reside en Vétheuil entre 1878 y 1882 y finalmente en Giverny. La mayoría de las obras realizadas después de 1890, fueron pintadas en series que le permitían captar sutiles variaciones de luz sobre el mismo motivo. La divulgación de teorías científicas como las de Chevreul y Holmz, proporcionan a los impresionistas los medios para abordar el estudio de la luz. Ausencia de color local, mezcla óptica, sombras coloreadas... Surge entonces una nueva manera de ver y pintar. El color puro da por primera vez la sensación de luz vibrante al aire libre. Pinceladas cortas se yuxtaponen para sugerir las formas que se desdibujan envueltas por la atmósfera. La ejecución rápida, propia de esta técnica, favorece la plasmación de algo tan fugaz como un reflejo. Orillas del Sena ejemplifica esta predilección por captar la impresión de un momento. Desde su bote-taller, anclado en medio del río, Monet pinta lo esencial del paisaje. El agua, la orilla, los árboles y el cielo, se suceden como registros, que levantan la línea de horizonte, reduciendo la sensación de profundidad. Al acotar la información visual, intensifica el estudio de la luz, verdadera protagonista de sus obras.