Auguste Rodin

La obra de François Auguste René Rodin marca, a la par del Impresionismo en pintura, el nacimiento de la escultura moderna. De los catorce a los diecisiete años, estudia en la Petine Ecole de Dessin, de París, donde se revela como modelador. Pero ni la Escuela de Bellas Artes ni el Salón abrirán sus puertas al joven artista. Entre 1864 y 1872 trabaja como ornamentador con A.E. Carrier- Belleuse (creador de la estatua de Belgrano, 1873 y el mausoleo de San Martín, 1880, en Buenos Aires). En 1875 visita Florencia y Roma, donde recibe el fuerte impacto de Miguel Angel. Dos años más tarde, en 1877, es aceptado en el Salón, donde presenta El vencedor (luego la edad de bronce), que afianza su nombre. En 1880, el gobierno francés le encarga una puerta para el Museo de Artes Decorativas, en la que trabaja hasta su muerte; es Las Puertas del Infierno, y de ella surgen muchas de sus más célebres esculturas.

Siendo Presidente de la República, Carlos Pellegrini encomendó a Rodin la realización del Monumento a Sarmiento. Hacia 1895, el escultor ya se hallaba trabajando en el encargo y, en 1897, regaló al Museo, recientemente creado, un yeso representando su famosa escultura El Beso. Elaborada entre 1886 y 1890, la escultura corresponde al momento en que Rodin trabaja junto con Camille Claudell. Esta experiencia de una relación en la que el goce de la unión física se unía a una camaradería de tipo espiritual, posiblemente contribuyó a un cambio en su concepción del amor que es evidente en las obras del período. Del amor culpable manifiesto en los grupos de Las Puertas del Infierno donde las parejas se unen en la maldición del pecado compartido, se pasa a una representación visual del amor en la que una fuerza interna une en audaces enlaces y abrazos a seres que así manifiestan la expansión de su energía vital, de la felicidad compartida. Esta desmitificación y la representación del amor como parte del comportamiento de todo ser humano provocó una fuerte reacción en sus contemporáneos que juzgaron como crudamente realista e impúdica a El Beso (escena aceptada y gozada siempre que se diera un contexto mítico o literario). En este sentido, Rodin habría operado una especie de democratización de la sensualidad erótica.