Francisco de Goya y Lucientes

La carrera artística de Francisco de Goya y Lucientes comienza en Zaragoza. Su obra se orienta entonces hacia la temática religiosa, dentro de las concepciones tardobarrocas. Llamado a Madrid, se instala allí en 1774, y realiza cartones para tapices, en respuesta al gusto cortesano por las escenas costumbristas de inspiración rococó. Empieza una etapa de ascensión artística y social: elegido académico de Bellas Artes (1780), es designado Pintor del Rey (1786) y Pintor de Cámara (1788). La invasión napoleónica (1808-13) y la sordera adquirida en 1792 tras una gravísima enfermedad, determinan una nueva etapa en la obra de Goya. Se distancia gradualmente de la Corte y los encargos para abocarse a una creación libre y personal. Restaurado el absolutismo monárquico, soporta las persecuciones de la Inquisición y, agobiado por la situación política y social, se radica en Francia, en 1824. En esta obra de Francisco de Goya, la construcción arquitectónica del puente organiza en profundidad el espacio y determina la composición en un eje marcadamente oblicuo. La masa oscura del muro interrumpe la visión de un paisaje luminosos. Un intenso haz de luz penetra por el arco de medio punto y rescata el carácter informe de los bailarines en sombras. Manchas, pinceladas discontinuas y densos empastes, producto del empleo de espátulas de caña partida, borran los rasgos individuales y los detalles. Notas de color intenso alteran la monocromía reinante. Las escenas de bailes, juegos y diversiones populares constituyen para Goya una fuente inagotable de temas. Desde las imágenes idílicas de los cartones para tapices hasta telas como ésta, donde la observación minuciosa de las costumbres cede ante una visión emotiva de la realidad, tales temas aparecen una y otra vez en sus creaciones.