Francisco de Zurbarán

Sevilla es la ciudad donde se forma el extremeño Francisco de Zurbarán, entre 1614 y 1616, y allí conoce a Velázquez. A Sevilla vuelve en 1629, para pintar una serie de óleos destinados al Convento de la Merced. Pasa más tarde a Madrid y ejecuta, bajo la supervisión de Velázquez, las doce telas sobre Los trabajos de Hércules, para el Salón de Reinos del nuevo Palacio del Buen Retiro. En 1634, Felipe IV lo designa Pintor Real, hecho que señala la fama alcanzada por el artista. Zurbarán hace otras pinturas para el sevillano Convento de la Merced (1636) y crea, entre 1637 y 1639, dos grandes ciclos de obras religiosas para la Cartuja de Jerez de la frontera (Andalucía) y el Monasterio de Guadalupe (Cáceres, Extremadura). Menguada su clientela, Zurbarán se instala en Madrid, en 1658, protegido por Velázquez.

Hacia 1630, el teme Franciscano comienza a ocupar un lugar de privilegio en la pintura de Francisco de Zurbarán, quién hará múltiples versiones hasta los últimos años de su vida. No debe olvidarse que la iconografía de las órdenes religiosas propulsoras de la nueva espiritualidad contrarreformista adquiere pleno desarrollo durante el siglo XVII, a través del Barroco. Para estimular la voluntad de penitencia de los fieles, se acude a la imagen de la muerte, eficaz antídoto contra la vanidad del mundo. De acuerdo con investigaciones realizadas San Francisco en meditación ,de 1632, sería el más antiguo ejemplar conocido de la serie franciscana pintada por Zurbarán. El estudio de la luz es una de las características del período ,pero la luz del Barroco ya no es aquella uniforme del Renacimiento: crea fuertes contrastes entre zonas luminosas y sombrías como se advierte en esa tela.