Doménico Theotocópulos, el Greco

Nacido en la isla de griega de Creta, entonces un dominio República de Venecia, Doménico Theotocópulos recibió su primera formación artística en el ambiente bizantino. Con ese bagaje se traslada a Venecia, donde, en 1567, trabaja en el taller de Tiziano. Hacia 1570 pasa a Roma, y unos años después a Madrid. Por último, en 1577, se radica definitivamente en Toledo, una ciudad de profundo fervor religioso y de intensa actividad cultural. Allí dirige un importante taller de pintura, y realiza también trabajos de escultura y arquitectura. Su prestigio creciente le valió numerosos encargos, entre los que destacan el conjunto de Santo Domingo el Antiguo, El Expolio -pintado para la sacristía de la Catedral-, y la famosa tela Entierro del Conde de Orgaz, ejecutada por el maestro entre 1586 y 1588, para la iglesia de Santo Tomé, que afianzó su celebridad y se ha convertido en una suerte de emblema de su obra.

Las pinturas de El Greco presentan los rasgos estilísticos tradicionales del Manierismo: un tratamiento extremadamente alargado de las figuras humanas, una fuerte tensión ascendente y una osada exaltación del color. Jesús en el Huerto de los Olivos es una de las diez versiones que pintó El Greco acerca de este tema evangélico: las plegarias de Cristo en Getsemaní, antes de su prendimiento y muerte. Composiciones similares se encuentran en Cuenca y Andújar (España), Londres, Budapest, Lila (Francia) y Toledo (Ohio, Estados Unidos). El artista ha contrastado el primer plano, donde duermen Pedro, Santiago y Juan, tres de sus apóstoles, con aquel, más elevado, donde están Jesús y el "ángel venido del cielo" para confortarlo en su agonía, como se lee en Mateo, Marcos y Lucas. La luz que emana la fuente divina, imagen de lo trascendente, unifica el mundo terrenal con el celestial.