Anónimo Francés


La arquitectura y el arte románicos (fines del siglo X a comienzos del XIII, esto es, la alta Edad Media) son el producto de una creativa amalgama que se expande regionalmente por Europa, desde Francia y Alemania. Sin embargo, ninguno de estos hechos tiene efectos dispersivos; por lo contrario, más allá de las particularidades locales, el arte románico alcanza una sensible unidad. Si bien están subordinadas a la arquitectura, cuya labor casi exclusiva es la edificación de iglesias y monasterios, la escultura y la pintura conocen un notable desarrollo, especialmente la primera, en la decoración de los templos y conventos. Las tallas de piedra o madera destacan las partes importantes de las iglesias (pórticos, ventanas, capiteles), y a las piezas ornamentales de interiores se añaden las obras sueltas de imágenes devotas y tumbas, barandillas de coro y grupos de la Apoteosis de la Cruz. La forma del bloque de madera -generalmente roble o nogal- sobre el que iba a tallarse, determinaba la estructura de la imagen en las piezas escultóricas románicas de Auvenia, histórico condado sito en la zona de Macizo Central de Francia. En la obra aquí elegida -la más antigua del acervo del Museo Nacional de Bellas Artes-, la Virgen aparece sentada y sostiene sobre sus rodillas al Niño Jesús. Originalmente, Jesús tenía su mano derecha en alto, en actitud de bendecir. Las dos figuras están ataviadas con túnicas de tradición bizantina -uno de los aportes que conformaron el arte románico, cuyos drapeados caen en pliegos pequeños y regulares. La pose es severa, solemne y de estilo arcaico. Era común que estas piezas tuvieran en el reverso una abertura destinada a guardar reliquias. A muchas de estas esculturas, de gran difusión a partir del siglo X se les atribuía origen milagrosos.