Clorindo Testa

Clorindo Testa, uno de nuestros grandes artistas contemporáneos, es también un gran arquitecto. Su primera exposición data de 1952, y contuvo algunas telas provenientes de los dibujos tomados en su estadía europea de 1949-51. La esquemática figuración de entonces cede lentamente a la abstracción, que, hacia 1956, no desdeña lo geométrico, y en 1959 lo excluye para situarse en la generación informalista de ratos espacios pictóricos. Estas indagaciones asumen un nuevo curso entre 1960 y 1965, cuando Testa trabaja sólo con blancos, negros y grises. Luego, en 1965-71, vuelve al color pero obliga a la materia a inducir las formas, en sus series de Plegados. Hasta que, a partir de 1972, con Mediciones, recobra la figuración -una figuración áspera y rotunda- y se lanza al abordaje de una temática humanista, donde historia y actualidad establecen un debate crítico, tocado por la ironía. A través de dibujos, pinturas, esculturas e instalaciones, Clorindo Testa reflexiona acera del ser humano. Pero lo hace no sólo desde su pensamiento de artista sino también desde la meditación del arquitecto, porque ambas disciplinas no están separadas en su intensa y extensa labor creativa. Así, en las últimas dos décadas y media, se ha ocupado en cuestionar la mortificada y azarosa existencia urbana de hoy, la transformación de las ciudades en desiertos de soledad, las violencias y opresiones del pasado y el presente, los mitos de la historia americana y argentina y las fábulas de nuestro tiempo. En las creaciones de Testa se entremezclan sus recuerdos -los de su vida, su familia, sus lecturas, sus viajes-, de modo tal que su obra de artista y, a menudo, su producción de arquitecto, terminan siendo una autobiografía. Cono en esta tela, en que Testa habla por sí de todos los hombres.