Hernán Dompé

Hacia 1964-65, Hernán Dompé sigue estudios en España, Italia y Francia. Una década más tarde, con el mismo objeto, regresa a Italia y visita Dinamarca, Holanda, Alemania y Suiza. Entre tanto, ha hecho su primera exposición, en 1971, en la que presenta esculturas figurativas de mármol, yeso y madera. Pero el viaje esencial de Dompé es, sin duda, el que lo lleva a recorrer Perú y México, en 1980 (también pasa por San Francisco), porque entonces descubre las realizaciones de incas, mayas , quichés y aztecas. Poco después, en 1982, se instala en Nueva York durante un año. Allí termina de poner a punto su combinatoria surreal, que rescata tradiciones de la antigua América desde un presente activo y con un lenguaje artístico de plena contemporaneidad. A partir de entonces, ha realizado y expuesto una obra escultórica de gran valor regionalista, que conjuga invención creadora y oficio refinado.

Además de los materiales comunes de la escultura, Hernán Dompé acude a los elementos y artículos más insólitos, huesos, dientes, cráneos de animales, astas, cerdas, caracoles, eslabones de cadenas, clavos, telas, llaves, cuero, soga, tapas de cerradura, mangos de violín. Nacen así las Barcas, erizadas de puntas agudas en la cubierta y la quilla, las Hachas, las Herramientas agrícolas, los Cuchillos, las Flechas y los Tótems, que, según Dompé, constituyen "los símbolos básicos del enlace entre la tierra y el cielo". Como el presentado aquí. Los Tótems de Dompé son altos (de hasta 250 cm) y en ellos da el artista la medida más acabada de su creatividad, aunque no es exagerado suponer que las armas, los utensilios de labranza y aun las naves, más allá de sus apariencias formales, otras tantas entidades totémicas.