Rómulo Macció

Pintor autodidacta, Rómulo Macció trabajó en publicidad y diseño gráfico desde 1945. Hozo su primera muestra en 1956, con telas de orientación surrealista, y dos años más tarde, en 1958, integró el grupo Boa, que defendía, en una continuidad de los postulados bretonianos, el "automatismo gestual": por ese camino, Macció se acerca al arte informalista. A fines de 1961, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, inicia el movimiento neofigurativo, que realizará ocho exposiciones entre 1962 y 1965. Macció recibe, en 1963, el Premio Internacional Torcuato Di Tella, frente al belga Pierre Alechinsky (ex CoBrA) y el español Antonio Saura, entre otros; y, en 1967, el Gran Premio de Honor del LVII Salón Nacional de Artes Plásticas. Macció, que ha vivido, trabajado y expuesto en Europa y los Estados Unidos, sigue ateniéndose a un axioma enunciado pro él mismo: "La pintura no se dice, se muestra". Pertenece esta obra a los comienzos neofigurativos de Rómulo Macció. Es la etapa de la gestualidad vehemente, de la deflagración del gesto sobre el espacio entero del soporte, convertido sí en territorio de lucha entre la subjetividad y el oficio del artista. En los óleos de esta época, sólo podemos deducir al hombre -objeto casi único de la pintura de Macció- a través de algunos fragmentos de su cuerpo, como si se tratas e de los restos dejados por un holocausto ignoto pero evidente, cuya causa parece buscar el artista en procura de discernir su propia identidad humana y social: Hambre es una tela muy representativa de este alucinado y lacerante período de la obra de Macció. Con posterioridad, ordenará lentamente sus imágenes -por decirlo de algún modo-, siempre atento a la construcción de una pintura de fuerte capacidad expresiva y de severo impulso crítico en sus contenidos.