Alfredo Hlito

Cuando todavía era estudiante de bellas artes, Alfredo Hlito firmó, en 1941, el hoy olvidado Manifiesto de Cuatro Jóvenes (con Claudio Girola, Tomás Maldonado y Jorge Brito), que exaltaba el arte racionalista y condenaba el figurativo. Tratáse del antecedente inmediato de la revolución constructivista operada a mediados de esa década, en Buenos Aires. Hlito es uno de los fundadores de la Asociación Arte Concretos (1949) e integra el Grupo de Artistas Modernos de la Argentina (1952). Influido, al comienzo, por Torres García, inicia en 1947 una obra personalísima, cada una de cuyas etapas son otras tantas búsquedas de orden plástico para sondear y materializar las capacidades de la imagen pictórica. Hlito, cuyo s escritos teóricos son reveladores, fue también un destacado diseñador gráfico. Hacia 1956, con el tema de las volutas, Alfredo Hlito empieza a distanciarse de la ascética geometría que había caracterizado su obra hasta entonces. En adelante, el interés del artista ha de centrarse en la creación de formas libres y esquemáticas basadas sobre la línea, y en su articulación sobre el plano a través del color, que deviene así en el agente experimental por naturaleza. El apasionado racionalismo de Hlito fue generando de este modo, sin prisa y sin pausa, lo que denominaríamos meditaciones poéticas, pues salían del artes para sugerir una nueva realidad humana. La obra elegida pertenece a las series de Simulacros, que ejecutó de manera discontinua entre 1965 y 1983: la tela entera es un campo activo, las líneas constituyen apenas una notación, las formas son delimitadas y, a la vez, desatendidas por la irrupción de los colores, que se entremezclan hasta vibrar.