Enio Iommi

Formado en el taller de su padre, el escultor y cincelador italiano Santiago Girola, Enio Iommi estudió también con Enrico Forni. Instalado en Buenos Aires, se cuenta entre los fundadores de la Asociación Arte Concreto-Invención, a fines de 1945, y del Grupo de Artistas Concretos, en 1949. Hace su primera escultura geométrica hacia 1944: "Partí del arte concreto -ha dicho-, porque observé y sentí el riesgo que corría la escultura, tan atrasada en nuestro país. Entonces imprimimos [los concretos] un nuevo espíritu al arte argentino en el momento preciso en que l país salía de la cueva". Pero a partir de 1977, cambia frontalmente sus términos y materiales escultóricas, en coincidencia con una de las épocas más lóbregas y funestas de la historia argentina: desde entonces, trabaja con elementos de desecho y realiza esculturas que abordan las circunstancias políticas y sociales.

Durante más de treinta años, Enio Iommi elaboró sus obras concretas, buscando "la unidad de las formas y el espacio", según sostenía. Como Gabo, Moholy Nagy y Max Bill, convierte a la línea y el plano en dos elementos en perpetua transformación. Trabaja con los llamados materiales nobles: acero inoxidable, aluminio, madera, bronce, acrílico. Dueño de un virtuosismo técnico fuera de lo común, produce esculturas de inusitada calidad visual, en las cuales la pureza y el despojamiento se unen a la gracia y la invención compositiva. Artista riguroso hasta el extremo, Iommi se destaca por la falta de concesiones en su acendrada y paciente indagación. Después de haber buscado la integración espacial con rectas y curvas, en sus "esculturas direccionales" y sus "continuidades lineales", Iommi pasó en la década del 50 a hacerlo con el plano: a esa serie pertenece la obra que aquí presentamos.